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Cena de Estado en el Palacio de Buckingham en honor a los Reyes de Holanda

¿Un diamante histórico o una pieza ecológica? Cuando las joyas toman la palabra

Máxima demostró que tiene ases bajo la manga para ser la 'más máxima todavía' mientras que la duquesa de Cambridge aprovechó para unirse a la cruzada de su marido

by S. Acosta

Desde el año 2002 es miembro de la Familia Real holandesa y desde 2013 la Reina de los Países Bajos, sin embargo, Máxima todavía es capaz de ser más máxima. El martes por la noche lo demostró en el Palacio de Buckingham durante la cena de Estado que la Reina de Inglaterra ofreció en su honor y en el de su marido, el soberano, Guillermo de Holanda. La Reina de los Países Bajos desembarcó en Londres con la pieza más importante del joyero real en una cita en la que la duquesa de Cambridge se unió, también con joyas, a la cruzada de su marido. ¡Las joyas toman la palabra!

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No es fácil “competir” (si de eso se tratan los desfiles de tiaras) con el joyero real más boyante de Europa, el de Isabel II, que en cada boda se supera. En ese sentido, conviene recordar que la tiara que le prestó a Meghan para su boda con el príncipe Harry causó sensación hasta que llegó la princesa Eugenia, cinco meses después, y dejó a todos sin palabras con la colección de esmeraldas que brillaban en su cabeza. Sin embargo, Máxima consiguió su golpe de efecto con un solo diamante.

La Reina de los Países Bajos  hizo su puesta en escena en Buckingham con la legendaria la diadema Estuardo coronada con el diamante de casi 40 kilates, y que está considerado como la joya de más valor en la colección real holandesa. Su origen se remonta a 1690, siendo un regalo del rey Guillermo III a su esposa, María Estuardo. El diamante, de un espectacular color azul grisáceo, no se veía en público desde 1972, cuando la reina Guillermina lo luciera precisamente también en un viaje de Estado al Reino Unido. La ahora princesa Beatriz, su suegra, no lo llevó nunca durante su reinado, un hecho que ha servido para su aparición todavía fuera más excepcional.

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La reina Máxima utilizó la diadema, sin el diamante, el pasado mayo, durante su visita oficial a Luxemburgo pero este as se lo guardaba bajo la manga para un palacio, en el corazón de Londres, en el que las damas suelen sacar su “artillería pesada”. Sin ir más lejos Letizia apostó para su cena de Estado con Isabel II, en julio de 2017 por la tiara de las Reinas de España, la pieza más importante del joyero real. Una diadema que tiene como protagonista la flor de lis heráldica de los Borbones y que, como curiosidad, un conocido ilustrador estadounidense probó como quedaría en la cabeza de Meghan.

Isabel II no jugó a la sorpresa y acudió con una de sus tiaras favoritas para estas ocasiones la Girls of Great Britain and Ireland, tampoco lo hicieron  ni la duquesa de Cornualles, ni Mabel de Holanda, ni la princesa Michael de Kent. La única que añadió un detalle novedoso a su look fue la duquesa de Cambridge. A primera vista Kate podría parecer “más de lo mismo”, ya que optó de nuevo por la tiara de los amantes, la favorita de Diana de Gales, y los pendientes de perlas Collingwood, heredados de su suegra. Sin embargo, el collar, un regalo de boda de la Reina Alexandra y uno de los favoritos de la Reina Madre, fue un “estreno” para la Duquesa. A pesar de ello fue el broche de la Orden de la Familia Real lo que se llevó todas las miradas y lo que más comentaron los medios británicos.

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El broche prendido al vestido de Kate es un regalo personal de Isabel II tiene doble significado: es un honor que la soberana otorga a los miembros femeninos de la familia como agradecimiento de su servicio y una joya ecológica que se pone al servicio de otra causa. Tal y como recoge HELLO!, la insignia de la duquesa de Cambridge sigue los patrones tradicionales en cuestión de diseño, con la imagen de la Isabel II, pero no ha sido confeccionada con vidrio y no con marfil, como suelen hacerse.

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Esto se debe a que durante años los príncipes Guillermo y Harry han trabajado activamente para frenar la caza furtiva, entre otros, de elefantes y rinocerontes. El duque de Cambridge ha emprendido su propia lucha para frenar el comercio ilegal y a pesar de tener que mantenerse al margen de temas políticos no oculta sus deseos de que las restricciones. No es la primera vez que Kate luce esta insiginia, ya que la estrenó en diciembre durante la recepción del Cuerpo Diplomático, pero sí la primera vez que la  usa como altavoz en una cena de Estado.