Qué significan las pataletas de tus hijos y cómo ayudarles a calmarse

El porqué de las rabietas de tu hijo y cómo puedes calmarlo

De los momentos más temidos de todos los padres son aquellos episodios en los que nuestros hijos se transforman a raíz de las pataletas y los berrinches, y recordamos cuántas veces vimos a niños hacer eso en espacios públicos y juramos que si teníamos un hijo sabríamos cómo educarlo para que no las tuviera.

by si Cristina Soria

Los niños afrontan muchos momentos de pataletas y berrinches que parecen no atender a razones. Son situaciones en las que parecen obcecados en demostrar su disconformidad con todo lo que le rodea, y en concreto con sus padres. Estas situaciones se ven acrecentadas cuando se viven fuera de casa, ya que por un lado los padres sienten la razonable inquietud de que cualquiera les está mirando, padeciendo y juzgando, y los niños, por verse en un entorno ajeno también se ven aún más incapaces de frenar su malestar creciente.

Es muy interesante y necesario conocer a qué atienden las pataletas y los berrinches. Los psicólogos infantiles coinciden en determinar que generalmente no existe una sola razón para que un niño entre en un berrinche y, por supuesto, él no será consciente. A medida que la pataleta se va volviendo más intensa (como si fuera una borrasca incipiente) el propio niño pierde la consciencia de a qué atienden sus súplicas y gritos, y poco a poco se entra en la fase del berrinche, donde ya las causas han desaparecido por completo y todo lo que queda es llanto y caos.

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Que los niños sufran estos episodios es normal. No es en sí mismo un síntoma de que tengan un problema, ni afectivo, educativo o de carácter. Aunque hay que trabajar en lo posible que las pataletas no sean continuas. Cuando las sufren quiere decir que no están sabiendo gestionar su frustración, y los detonadores pueden ser cualquier cosa, incluso cuestiones arbitrarias que realmente escapan a nuestro control, pero que el niño aún no acaba de comprender.

A fin de cuentas, los niños todavía están en una fase de descubrimiento en la que están aprendiendo a gestionar sus propios sentimientos y donde prueban los límites de su comportamiento. Por eso, muchas veces las pataletas nacen de situaciones en las que se les ve contentos, y tanto es así que cierta euforia acaba tornándose en caos cuando ellos mismos dejan de controlar sus emociones y se enfrentan a un límite desconocido: una negativa por nuestra parte que les pilla de sorpresa, o la constatación de que nosotros no elevamos el nivel de euforia como él.

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Formas de controlar las pataletas y los berrinches

Si tenemos en cuenta que las pataletas son más leves que los berrinches, y que serían una especie de estado anterior a algo que parece fuera de todo límite, podemos tratar de que la pataleta no se convierta en una situación peor, y menos abarcable.

Cuando el niño se ve en una situación así lo que desea es nuestra comprensión. Aunque estos berrinches parezcan formas agresivas de comportamiento, realmente se trata de una llamada de ayuda para contenerle, crear cercanía y entender el mundo. Lo último que debemos hacer, por tanto, es alzar la voz por encima del berrinche, o generar un enfado superior al nivel de desconcierto que el propio berrinche produce.

Por estas razones, es preferible mostrar indiferencia ante la rabieta antes que contestar de forma cortante, hacer como que no vemos que está revolcándose por el suelo y pataleando, que no nos genera ningún estrés ni nos acelera el pulso. 

Con un tono pausado podemos decirle a nuestro hijo que cuando se tranquilice podemos hablar de aquello que le preocupa, y no tengas miedo a mantener contacto físico con él. Muchas veces creemos que un distanciamiento físico puede hacerle recapacitar, pero esto le aísla más. Un abrazo puede acabar con muchas y grandes rabietas.

Podemos ayudarle a respirar de forma adecuada, poniendo la mano en su pecho y haciéndole consciente de que esta situación es incómoda para él. Y poco a poco, podemos ir interesándonos y desgranando los motivos reales por los que está así. Será difícil, y no atenderá a una explicación que se pueda dilucidar con claridad, pero si demostramos que realmente nos preocupan sus emociones y que estamos de su lado, poco a poco irá cediendo y calmándose.

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