Isla Mauricio, un paraíso tropical donde perderte este invierno (aunque no te cases)

Si miras un mapa, Isla Mauricio es un minúsculo punto en mitad de la nada. Realmente, en mitad del océano Índico. El lugar más próximo es Madagascar, pero queda ¡a casi mil kilómetros de distancia! Y la costa oriental de África, ¡a dos mil! Y además es pequeña, más o menos como Tenerife, 58 kilómetros de norte a sur por 48 de oeste a este. Entonces, ¿por qué recorrerse medio mundo para viajar a ella? Pues, porque su nombre suena a un paraíso tropical donde perderse. Confirmado. Lo hemos comprobado… y disfrutado. Y verás por qué. Además, este pedacito de tierra convertido en república desde 1992 invita a muchas aventuras.

by ESPERANZA MORENO

CÓMO LLEGAR

Llegar hasta Isla Mauricio lleva su tiempo, porque queda a ¡9.000 kilómetros de distancia! Pero, claro, los paraísos no están a la vuelta de la esquina. La mejor opción es viajar desde España a Roma. La compañía Alitalia (alitalia.com) vuela a Isla Mauricio los miércoles, viernes y domingo, hasta el 30 de marzo,  en aviones Airbus 330. En Magnífica, su clase Business, las casi diez horas que dura el trayecto ¡se pasan volando!

LA PRIMERA PANORÁMICA DE LA ISLA

Antes de pisar suelo mauriciano, desde el avión ya es posible hacerse una idea de cómo es esta isla que, junto a la francesa de Reunión, Rodrigues y otros islotes, forma parte del archipiélago de las Mascareñas. Lo primero que vemos desde la ventanilla es Le Morne Brabant, una montaña de roca basáltica declarada Patrimonio Cultural de la Unesco por su historia, pero también nos sorprende el verdor y la frondosidad de su interior, entre la que divisamos la cascada de Chamarel, y, sobre todo, su orografía acuática, bordeada como está por un arrecife de coral y la laguna de agua que baña sus playas de arena blanca, en las que están presentes todas las gamas posibles del azul.

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UN HOTEL EN LA PLAYA

En un paraíso tropical como es Isla Mauricio, se impone un alojamiento exclusivo. Y, en la costa noroeste, el icónico y sofisticado Royal Palm Beachcomber Luxury, de la cadena Beachcomber (beachcomber-hotels.com/es), lo es. No apto para todos los bolsillos, eso sí. Pero elegimos la espectacular montaña de Le Morne Brabant como telón de fondo y Dinarobin Beachcomber Golf & Resort, que también es perfecto para pasar unas vacaciones de lujo en sus suites o villas privadas de estilo colonial ocultas entre la vegetación y acabar el día paseando por la playa kilométrica que lo baña. Unido a él e ideal para los que buscan relajación y deporte, Paradis Beachcomber Golf Resort & Spa. Bañado por una playa de arena blanca escoltada por palmeras, de las más bonitas de la isla, y para parejas que buscan atmósfera romántica, las suites con piscina privada de Trou aux Beaches Beachcomber Golf Resort & Spa, con un restaurante indio espectacular, música tradicional en la arena al anochecer y todo tipo de actividades acuáticas. Más familiar, Victoria Beachcomber Resort & Spa, aunque su concepto Victoria for two, es solo para adultos.

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SEAKARTING (Y MIL EXPERIENCIAS ACUÁTICAS MÁS) EN LA LAGUNA

Embarcarnos en un paseo en catamarán hacia los islotes situados frente a la costa norte, poner rumbo al este, hacia la Ille aux Cerfs (la Isla de los Ciervos) y acompañarlo con una barbacoa a bordo, hacer una inmersión en un submarino, en un scooter subacuático o caminar por el fondo del mar pertrechado con una escafandra entre peces de colores y arrecifes de coral… En Isla Mauricio, cada día se puede probar una experiencia náutica. Nos hemos puesto las aletas, las gafas de bucear para nadar con los delfines, subido a una lancha para acercarnos a la famosa roca de cristal y atrevido a un conducir un seakart (karts de agua) por las aguas de la laguna. Y damos fe de que son de lo más emocionantes.

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DE LA CIUDADELA AL MERCADO CENTRAL EN PORT LOUIS

Para conocer la historia de Isla Mauricio hay que pasar obligatoriamente por su capital, Port Louis, porque es aquí donde se entiende el crisol de culturas de la isla.  De su pasado como colonia francesa da testimonio el fuerte Adelaida, conocido como La Ciudadela, que, desde lo alto, ofrece la mejor panorámica. Y del posterior dominio británico, Aapravasi Ghat, un complejo de edificios declarado Patrimonio de la Humanidad, que, tras la abolición de la esclavitud en 1835, acogió a los primeros trabajadores llegados de la India y cuyos descendientes forman hoy la mayor comunidad del país. Pero ningún lugar mejor para palpar esa mezcla cultural –que se traduce en las distintas lenguas que se hablan aquí: francés, inglés, criollo, hindi.... – que el Mercado Central. En sus puestos de verduras, especias o artículos de artesanía se impone el regateo y se conoce al dodo, una especie de ave no voladora extinguida hace siglos (aunque grabada en la bandera nacional) que terminamos llevándonos a casa como souvenir.

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EL GRAND BASSIN, EL LAGO SAGRADO PARA LOS HINDÚES

Cuando atravesamos la carretera que recorre el Parque Nacional de Black River Gorges, con kilómetros y kilómetros de senderos para caminar y la montaña más alta, el pitón de la Riviere Noire, quedamos hipnotizados al llegar al Grand Bassin. El lago más espectacular de la isla es, en realidad, un cráter volcánico que para los hindués es, además, sagrado. A sus pies hay un templo y una impresionante estatua dedicada al dios Shiva y los rituales que se contemplan en sus orillas recuerdan a los del Ganges en la India. 

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EL JARDÍN BOTÁNICO DE PAMPLEMOUSSES

Los nenúfares gigantes son lo más sorprendente de este jardín botánico próximo a la capital, pero durante un paseo por Pamplemousses también se ven infinidad de plantas indígenas y de todo el mundo: flores de loto, rosas de Venezuela, plantas medicinales… Un espacio para relajarse fundado en 1736, durante la época colonial francesa, en el que además hay tortugas gigantes, ciervos de Java o papagayos.

LAS TIERRAS DE LOS SIETE COLORES

Muy próximo al pueblo de Chamarel, en la costa suroeste, donde también se puede parar a comer en Le Chamarel Restaurant mientras se contempla una fantástica panorámica, descubrimos un paisaje natural insólito. Es de lo más colorido, y no es el arco iris, porque no se ve en el cielo sino en la tierra. La actividad erosiva del suelo de basalto y la combinación de sus minerales con la lluvia ha dado origen a unas singulares dunas pintadas de  marrón, rojo, violeta, verde, azul, morado y amarillo que no parecen de este mundo. Un mirador permite asomarse a ellas. Una recomendación: la mejor hora es al caer el sol.

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AZÚCAR, RON Y TÉ

Viajando en coche por las carreteras del interior de la isla nos llaman la atención las interminables plantaciones de caña de azúcar que cubren el paisaje, en el que sobresalen todavía las altas chimeneas de las antiguas fábricas. Es el cultivo principal del país, una tradición milenaria, a la que también se suma el té. Para conocer más sobre la primera hay que pasar por el museo L’Aventure du Sucre, ubicado en una antigua fábrica de azúcar fundada en 1797. En el castillo Labourdonnais, una bonita mansión de época colonial, lo que se aprende es sobre el ron elaborado con caña de azúcar. Rodeado de un bonito parque, una vez aquí mejor quedarse a comer en su recomendable restaurante, La Table du Chateau. 

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CAP MALHEUREUX

Por la costa norte de Mauricio y dejando atrás la playa de Mont Choisy y la animada Grand Baie, una zona con mucha vida local, llegamos a Cap Malheureux, una pequeña aldea pesquera de lo más fotográfica. Frente a la laguna, donde vemos a los pescadores vendiendo sus recién capturados peces, algún rasta tejiendo las redes y, a lo lejos, islotes mauricianos a los que se puede llegar en una excursión en barco, se encuentra su pequeña y sencilla iglesia, que es todo un símbolo de la isla. Y lo es por su pintoresco tejado rojo, su campanario exento, pero, sobre todo, porque fue levantada como homenaje a los numerosos naufragios ocurridos en este lugar, lo que le dio el nombre de cabo de la desgracia. 

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Mas información

Maoutourco (mautourco.com) organiza todo tours que incluyen todo tipo de actividades (culturales, deportivas o gastronómicas) en Isla Mauricio.

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