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Una ruta en coche por pueblos medievales espectaculares del interior de la Costa Brava

No es la Toscana, pero tiene cierto parecido. La comarca del Ampurdán esconde pequeños pueblecitos de auténtico sabor medieval.

by hola.com

PALS
La ruta por esta comarca de Girona puede comenzar en Pals, cuyo municipio también tiene playa, pero su núcleo antiguo es todo un un escenario medieval en cuyas calles adoquinadas nada desentona. Protegido en otro tiempo por una muralla, lo corona un castillo del que ya solo queda la circular torre de las Horas y que sirvió para reconstruir la iglesia de Sant Pere. A su alrededor, un entramado de empinadas calles empedradas adornadas con casas de piedra arenisca y color ocre, torres visigóticas, arcos de herradura, portaladas y un mirador, el de Josep Pla, desde el que asomarse a contemplar la llanura ampurdanesa.

PALAU-SATOR
Solo siete kilómetros más allá está Palau-Sabor, a cuyo conjunto medieval se accede traspasando la torre de las Horas, y eso ya prepara para volver la mirada al pasado. La calle del Portal lleva hasta la plaza del Castillo, protegido por poderosas murallas, y en cuyo entorno destacan la iglesia de San Pedro y la ermita de Sant Julià de Boada, todo un tesoro prerrománico.  

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PERATALLADA
No hay orden para visitar el que pasa por ser el conjunto medieval mejor conservado de Cataluña, a cuatro kilómetros de Palau-Sabor. Precisamente porque el trazado de este pequeño pueblo declarado conjunto histórico artístico y protegido por un triple recinto de murallas y un foso que se conservan en muy buen estado es de lo más irregular. Eso sí, todo en él tiene un tono noble y antiguo. La plaza de les Voltes y la plaza Mayor, organizan el caótico urbanismo medieval, de las que parten sus callejones con caserones fortificados con galerías, arcos góticos y ventanales renacentistas que llevan al castillo, cuya torre cuadrada resalta imponente sobre los tejados de la villa.

MONELLS
Es muy pequeño, hoy no llega a doscientos habitantes, pero Monells –20 minutos más allá de Peratallada- fue en época medieval un lugar importante en la historia, a la que hace mucho menos sumó ser el escenario para rodar algunas escenas de la película Ocho apellidos catalanes. Y eso le ha hecho volver a situarse en el lugar que merece, porque este bonito pueblo tiene un encanto especial, especialmente su plaza mayor porticada –que acogía a finales del siglo XVII uno de los mercados más importantes de Cataluña–, el carrer dels Arcs y la iglesia de San Ginés.

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CRUïLLES
Como Monells, Cruïlles también es un pueblo medieval muy bonito, cuyo núcleo medieval lo preside una torre circular de más de veinte metros de altura que ha quedado aislada en medio de la plaza del mismo nombre. Desde arriba se contempla el antiguo recinto amurallado, que conserva muchos tramos del perímetro intacto. Pero es el monasterio de Sant Miquel el que acapara gran parte de su interés, en cuyo interior se consevan importantes pinturas románicas.

VULPELLAC
A Vullpellac hay que llegar buscando su castillo, un notable ejemplo de arquitectura gótico-renacentista, que forma conjunto con la iglesia de Sant Julià y Santa Basilisa. Vestigios de sus antiguas murallas, torres y algunas casas datadas entre los siglos XVI y XVIII.

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LA BISBAL
Ya solo porque es la capital de la comarca del Baix Empordá, La Bisbal tiene mucha vida, pero es que además posee un núcleo medieval interesante, con castillo incluido, una afamada cerámica –de la que hacer acopio, por ejemplo, en El Talleret Diaz-Costa– y un afamado dulce, el bisbalenc, que es una obligación probar en algunas de sus pastelerías, como Massot (pastisseriamassot.es), en la misma plaza Mayor, o en Sans (sans-bisbalenc.com).

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LA PERA
El pueblo de La Pera, a 12 kilómetros de La Bisbal, es diminuto y encantador, pero en este municipio la mayor atención la acapara el castillo de Púbol, uno de los vértices del Triángulo Daliniano. Fue el refugio que Dalí regaló a su amada Gala para su refugio y descanso y el lugar donde hoy reposan los restos de ésta y respira romanticismo por los cuatro costados.. La visita al edificio, que se remonta al siglo XI, descubre el universo de esta pareja singular: las estancias privadas de la musa, la colección de trajes de alta costura que se guarda en el desván o las grandes esculturas de elefantes que decoran el jardín, de gusto afrancesado.

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