George de Cambridge con su hermano Louis y su padre

George de Cambridge, en el medio de una inesperada reclamación de Malta al Reino Unido

El país mediterráneo reclamaba el obsequio que tanto había gustado al príncipe

by L.F.S.

La semana no había podido terminar mejor para George de Cambridge. No solo había conocido a su ídolo, el divulgador, David Attenborough, sino que había recibidio un regalo impresionante para todo un apasionado de los dinosaurios y la historia natural como él. Se trataba de un fósil de un diente perteneciente a un extinto tiburón gigante que había sido hallado en Malta en los años 60 por el cineasta y científico. Sin embargo, la alegría del príncipe a punto estuvo de verse seriamente empañada cuando el Gobierno de Malta amagó con reclamar lo que consideraba suyo

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Fue el ministro de Cultura del país, José Herrera, el que tras conocer la procedencia de la pieza prehistórica reivindicó que debería exhibirse en un museo local. “Hay algunas piezas arqueológicas que son importantes para el patrimonio natural de Malta que terminaron en el extranjero y merecen ser recuperadas”, aseguró al Times of Malta prometiendo poner en marcha mecanismos para ello. Sus declaraciones no solo causaron estupor en Reino Unido, sino que muchos ciudadanos de la que fuera colonia británica hasta 1964 expresaron su malestar en las redes por tratar de hacer que un niño devuelva un regalo, que según apuntan, no tiene un coste económico elevado. 

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Finalmente, un portavoz del ministro ha salido este martes al paso de las críticas asegurando que no es su intención "seguir más allá con este asunto", sin dar más detalles sobre las razones de este cambio de opinión. En cualquier caso, parece que la preciada pieza seguirá en poder de George de Cambridge, que encandiló a Sir David con su curiosidad y entusiasmo mientras inspeccionaba el regalo. El diente fosilizado era de un megalodón, un tiburón que podía alcanzar los 15 metros de largo, el más grande que ha existido nunca, y vivió en Malta durante el mioceno, hace 23 millones de años. El historiador natural la encontró incrustada en una roca caliza durante unas vacaciones en la isla en la década de los 60. 

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David Attenborough, ajeno a la polémica que suscitaría, hizo ese regalo al hijo de los duques de Cambridge con motivo de la presentación en el palacio de Kensington de su documental, David Attemboroug: A Life on our Planet, sobre sus 70 años de carrera. La crisis del coronavirus hizo que el gran estreno en el Royal Albert Hall previsto para el mes de abril tuviese que ser aplazado. Meses después, ha tenido lugar una premiere más íntima pero con un espectador de excepción: el príncipe Guillermo, que visionó la cinta junto a él desde el jardín. Su crítica, según ha afirmado al Daily Mail fuentes de Palacio no ha podido ser más favorable: "Cree que es el mejor documental de Sir David. Es una mirada terrorífica a lo que hemos hecho al planeta y a donde estamos ahora, pero también ofrece esperanza, y motivos para el optimismo porque si podemos actuar ahora y lo hacemos juntos, podemos cambiar las cosas".

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