El significativo boche con el que la Reina quiso rendir homenaje a su marido

Sin dejar nunca nada al azar, Isabel II llevó en el servicio en memoria del Duque de Edimburgo una joya muy especial

Por Carolina Soto

Un año después, la Reina Isabel ha podido despedirse del Duque de Edimburgo como deseaba, rodeada no solamente de su familia, sino también de representantes de las distintas Casas Reales que han realizado el viaje hasta Londres para poder rendir homenaje a la memoria del Príncipe Felipe. A pesar de que se especulaba difícil la aparición de la Reina Isabel, la mujer de acero que ha servido a su país por 70 años, ha hecho acto de presencia en la Westminster Abbey. En una ceremonia llena de significado en la que cada uno de los detalles se realizó con el Duque en mente, Isabel II ha vuelto a dar muestra de su amor por quien fuera su más fiel compañero, y ha querido hacer un guiño a su memoria a través de una joya. Como suele hacer, la monarca ha querido comunicar a través de su imagen, por lo que no ha sorprendido que el broche que llevó esta mañana tuviera un significado por demás especial.

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A pesar de que la monarca suele combinar sus coloridos vestidos con sus joyas, en esta ocasión se le veía en verde olivo -conocido como verde de Edimburgo, que llevaron varias royals en homenaje al Duque- contrastando con un broche en magenta y dorado, pero había una especial razón detrás de esto. Con un amplio joyero real en el que tiene piezas tanto heredadas de la familia como propias, la monarca ha querido llevar el Grima Ruby Brooch, que fuera un regalo personal que el Príncipe Felipe le hizo.

Se trata de una joya hecha con rubíes reciclados y diamantes, empotrados en oro amarillo en forma de una especie de estrella o flor. Su nombre viene de su creador, el joyero Andrew Grima, quien fue el encargado de hacer la pieza encargada por el Príncipe, aunque también se le conoce como el ‘broche del escarabajo’ en los círculos reales.

La Reina lo recibió como un regalo de su marido en 1966, 19 años después de su boda. Aunque se lo hemos visto en numerosas ocasiones desde entonces, el recuerdo más importante es el retrato de las bodas de platino de la pareja en el 2017, cuando la Reina posó orgullosa junto a su marido llevando el broche sobre un elegante vestido blanco.

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La solitaria lágrima de la Reina

Es bien sabido que la monarca suele mostrarse estoica durante sus apariciones públicas, sin importar lo dolorosas que estas sean. Para muestra, el sentido funeral del Duque de Edimburgo, cuando sentada en solitario se le veía con un temple inquebrantable despidiendo a quien fuera su mas grande amor y el compañero de toda una vida. Pero tal como se le ha visto hacer solamente en un puñado de ocasiones, regularmente cuando está recordando a los soldados que perdieron la vida en la guerra, la Reina derramó una lágrima durante este servicio de acción de gracias en memoria del Príncipe Felipe.

Mucho se especuló sobre si sería posible que la monarca realizara el viaje de Windsor, en donde se ha refugiado, hasta Londres para la cita que se llevaría a cabo en la Westminster Abbey, debido a ciertos problemas de movilidad que podrían estar limitando algunas de sus actividades. Pero mostrándose fuerte y siempre fiel a su deber, la monarca asistió a la ceremonia que tiene un especial significado para rendir homenaje a su marido, después de que el año pasado las restricciones sanitarias lo hicieran imposible.

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