Una boda en el País Vasco

Un vestido de 'tweed' con capa para la boda de Naia en Vizcaya

Nuestra protagonista nos relata su bonita historia y los detalles de su inolvidable look con una capa en organza y cuello victoriano

por Estrella Albendea

Una boda es una experiencia inolvidable y de su preparación es posible sacar grandes aprendizajes. La cuenta atrás saca a la luz la mejor versión de los novios, con momentos tan especiales como el que vivió Naia, una de las novias más aplaudidas de las redes sociales: “La noche anterior al gran día, Iñigo (mi marido) me dijo algo que me hizo reflexionar y que ahora lo utilizaría como consejo para cualquier pareja que se vaya a casar: ‘Naia, los novios son el centro de las miradas de una boda y por lo tanto es muy importante que mañana transmitamos alegría y felicidad y, sobre todo, que seamos nosotros mismos, ya que los invitados lo van a percibir, y como esa alegría es contagiosa, disfrutarán tanto o más que nosotros’”. Ella siguió su consejo y disfrutó junto a él, tras más de cinco años y medio de amor, de su enlace el pasado 26 de junio.

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Boda en Vizcaya

Su boda tuvo lugar en la Iglesia Santa María de Mundaca, en Vizcaya y Baserri Maitea acogió la celebración. “No quisimos modificar la fecha en ningún momento porque para nosotros lo más importante era casarnos, independientemente de cuáles fueran las restricciones del momento, así que acordamos ajustarnos a la situación y disfrutar del día pasara lo que pasara”, explica Naia. La pareja, sin ayuda de ningún equipo de wedding planner, se encargó de organizar el enlace y adaptarse a las normativas de su región, lo que supuso un reto y les llevó a un enorme cambio en la lista de convidados: "decidimos reducir de 170 invitados aproximadamente a 29, familiares más cercanos y varios amigos que representaran a los que no asistieron”.

Por suerte, los novios se llevaron el regalo de poder ver los rostros de sus invitados, pues tan solo una semana antes se permitió la retirada de las mascarillas en el exterior. Y, a pesar de ser pocos los asistentes a su enlace, Naia solo puede recordar entre risas: “quisimos transmitir felicidad y diversión, y más de una persona nos dijo que parecíamos una boda de 200 invitados, a pesar de que fuéramos 29”.

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Vestido de novia ‘midi’

Aunque fueron pocos quienes la pudieron ver en directo, Naia ha dado la vuelta a las redes sociales por combinar un vestido de tweed con una capa transparente con cola sin renunciar a un marcado estilo personal. “Tenía muy claro que quería un vestido que me representara y que resultara cómodo, por ello decidí que fuera midi. En muchas de las fotos que iba viendo a lo largo de los años (porque a mí este tema siempre me ha encantado), me di cuenta de que había algo que aparecía asiduamente, y era una capa por encima del vestido. Tenía también muy claro que no me gustaban los vestidos rimbombantes”.

Siete meses antes de la boda se puso en manos de Javier Barroeta para dar forma a un diseño sencillo, entallado, con escote en la espalda. “Quise también que la capa fuera el punto fuerte, el protagonista. Así que nos decidimos por una capa asimétrica en organza con cuello victoriano y una lazada que hiciera también de cola”, relata. Desde el primer momento, cuando el diseñador le hizo un boceto de su diseño, conectó con la propuesta y disfrutó del proceso. “Me hizo un boceto que me encantó y no dudé ni un segundo. Tengo que decir, que en cada prueba, a medida que iba viendo cómo el vestido se iba creando, se me ocurrían mil ideas que, con mucha pasión, me iban incluyendo” cuenta Naia.

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El resultado, cómodo y ligero, convenció a sus amigas, que le dijeron que aquel vestido estaba hecho para ella. Para romper con la formalidad, al look añadió unas sandalias doradas y unos pendientes de perlas, todo low-cost: “Me encanta combinar artículos asequibles con piezas buenas, se ven tan elegantes”. El toque final lo puso el ramo de claveles que lució junto a un lazo con una medalla de su abuela. “Cuando fui al Vivero de Murueta me enseñaron todos los claveles que tenían y me enamoré del bicolor vino y amarillo. Le dije que quería algo que no fuera redondo, que fuera imperfecto y pequeño, no quería que quitara protagonismo al vestido”, indica.

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Maquillaje de contrastes

Con la piel preparada y fiel a su estilo cotidiano, Naia se decantó por un moño bajo de tipo bailarina (tras descartar a última hora la coleta) y un maquillaje natural, pero con algún contraste inesperado: “Le dije a Esti, la maquilladora, que quería delinearme el ojo como lo suelo hacer, cat-eye pero muy sutil. El labio lo quería rojo. Mi idea principal era mancharme los labios un poco, pero en las pruebas mi madre y Esti me animaron a pintármelos completamente rojos”.

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Decoración hecha a mano

Vestida y peinada como siempre había imaginado, Naia celebró su gran día bajo la atenta mirada de sus 29 invitados, pero también de algunos curiosos que ahora recuerda con cariño. “Uno de mis momentos favoritos fue la salida de la iglesia. Muchos de los vecinos que estaban por allí vinieron a vernos. Incluso los niños que estaban jugando en el parque (que eran muchos) dejaron de jugar para aplaudirnos. Fue muy gracioso porque la mitad de gente que estaba aplaudiendo al salir de la iglesia no la conocíamos”, rememora. Lo más especial de aquel día para los novios fue ver a todos sus invitados felices por estar allí, contentos de la decisión que la pareja había tomado.

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Todos ellos acudieron ilusionados a Baserri Maitea, un caserío vasco antiguo en el corazón de la provincia de Vizcaya donde tuvo lugar el banquete. Naia y su padre se encargaron de decorar el espacio con numerosos elementos hechos a mano por ellos mismos para la ocasión. “Soy de las que piensan que las cosas hechas a mano tienen muchísimo más valor, aunque muchas veces sean imperfectas. Por ejemplo, para el seating plan buscamos palés y los cortamos, lijamos, pintamos y añadimos flores. Para los meseros cortamos una rama de un árbol y le hicimos cortes”, nos explica. 

A ello también se sumaron unos marcasitios con caligrafía inglesa, el cartel de bienvenida y unas ilustraciones realizadas por su amiga Idoia Jauregi para los convidados. Explica nuestra protagonista que no eran creaciones perfectas, que se percibía su carácter artesanal, pero que los invitados supieron apreciar cada uno de esos detalles y lo agradecieron. “Una amiga me dijo: “Naia, mire donde mire, estáis vosotros. Todos los detalles os representan tanto…’”, reflexiona. Y aquello, cuenta, era exactamente lo que buscaban: una boda con personalidad.

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