Niña mirando por la ventana

¿Existe alguna diferencia entre el autismo y el síndrome de Asperger?

El síndrome de Asperger está incluido dentro del Trastorno del Espectro Autista (TEA). Sin embargo, siempre se ha tendido a distinguir uno de otro. Te explicamos si de verdad son diferentes y cuáles son sus características.

por Ana Caaveiro

La mayoría de nosotros tenemos una idea preconcebida de lo que es el autismo y el síndrome de Asperger. De hecho, tendemos, erróneamente, a clasificarlos como dos trastornos diferentes, cuando, tal y como nos explica María Verde, psicóloga del área de Investigación de la Confederación Autismo España, no lo son. Quizá, esto se deba especialmente a que los pequeños con Asperger suelen reunir ciertas características que nos han llevado a hacer esta distinción. 

Sin embargo, la experta nos aclara qué es el Trastorno del Espectro Autista (TEA), sus características y qué entendemos por síndrome de Asperger.

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Qué es el Trastorno del Espectro del Autismo (TEA)

María Verde, de la Confederación de Autismo España, nos explica que el TEA alude una condición del neurodesarrollo que acompaña a las personas a lo largo de toda su vida, desde el mismo momento en que nacen. Y, precisamente, como su propio nombre indica, el concepto ‘espectro’ se refiere a que engloba a personas que tienen unas características y una sintomatología variables y heterogéneas.

“Presentan aspectos que pueden variar mucho entre las personas: algunas pueden presentar una ausencia total del lenguaje o de la conducta comunicativa, mientras que otras, por el contrario, pueden expresarse y comprender bien las cosas, pero, quizá, lo hacen con torpeza”, detalla.

No obstante, aunque estas características son muy variables, sí es cierto que comparten otras a diversos niveles:

  • Comunicación e interacción social. Pueden tener dificultades tanto a nivel de comprensión como de expresión. Por ejemplo, algunas personas con TEA presentan unas habilidades lingüísticas adecuadas, mientras que otras tienen dificultades para relacionarse con el resto y entender su entorno.
  • Conductas repetitivas y restrictivas. Tener que adaptarse a un cambio puede generarles malestar, y pueden insistir en que las cosas siempre ocurran de la misma manera.
  • Estímulos sensoriales alterados. Por ejemplo, puede sentir malestar ante determinados sonidos, olores… o manifestar un interés inusual en algunas cosas, insistiendo por poder olerlas o tocarlas.

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El síndrome de Asperger se incluye dentro del espectro autista

No existen diferentes tipos de TEA. “Antiguamente sí se distinguía, pero, hoy por hoy, se trata de eliminar las categorías para no encasillarles más, porque, al final, el trastorno simplemente varía en su severidad y es más correcto desde un punto de vista científico”, comenta la psicóloga.

Lo que sí que determinan los especialistas es si ese TEA lleva asociado o no una discapacidad, y lo que se entiende actualmente por Asperger es un TEA sin discapacidad intelectual. Tanto es así que, de forma cada vez menos frecuente, como nos apunta María Verde, de la Confederación Autismo España, en ocasiones también se denomina ‘Autismo de alto funcionamiento’.

Y desde la Confederación de Asperger de España, hablan de un trastorno del desarrollo, incluido dentro del espectro autista, que afecta a dos áreas:

  • La interacción social. Les cuesta relacionarse con su entorno.
  • La comunicación (tanto verbal como no verbal). A menudo no entienden completamente el lenguaje hablado.

A esto hay que sumarle su resistencia a aceptar los cambios, la repetición de rutinas (suelen tener unos ‘rituales’) y la inflexibilidad. De hecho, suelen manifestar unos intereses muy concretos.

Aun con todo, la sociedad les identifica, a menudo, como pequeños intelectualmente brillantes. Esto se debe, en gran parte, a que algunas personas con TEA tienen un interés y preocupación por temáticas que, para muchos, resultan sorprendentes. Eso sí, los expertos advierten que, en un período de tiempo, estos intereses pueden variar, llegando a excluir otras actividades.

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¿Tienen un diagnóstico y tratamiento diferentes?

La psicóloga destaca que el autismo es “increíblemente variable”, por lo que no existe una señal inequívoca de si el niño presenta o no este trastorno, y advierte que es bastante habitual que en los más pequeños pase desapercibido.

“Las primeras preocupaciones de las familias llegan cuando es muy grave y muy claro que el niño no se comunica como sería esperable”. Por ello, aconseja poner especial atención en si los niños presentan cualquiera de estos primeros signos de TEA de forma temprana:

  • Escasas sonrisas sociales.
  • Si no responde al propio nombre o lo hace de una manera muy inconsistente.
  • No se aproxima a otras personas para mostrarles que en su espacio y entorno hay cosas que le llaman la atención
  • Tiene poco interés hacia otros niños y escasa iniciativa social.
  • Vocaliza muy poco, no balbucea o utiliza poca variedad de palabras.
  • Sus juegos no varían. Usa los objetos siempre de la misma manera y de forma repetitiva.

Ante cualquiera de estas ‘señales’, aconseja a los padres acudir a la consulta del pediatra quien, habitualmente, les derivará al servicio de atención temprana. Otras veces, si en la familia no se han dado cuenta, es bastante normal que se les informe desde el ámbito educativo.

Cuanto antes se detecte, mejor será para el niño, “porque antes influiremos sobre su desarrollo, los niños presentarán más plasticidad y flexibilidad, y también más oportunidades para el aprendizaje y que la interacción social sea más exitosa”.

En lo referente al tratamiento, indica que dependerá de las dificultades de cada uno, y de cómo el TEA afecte a su vida.

En función de ello, puede recibir el apoyo de diferentes profesionales:

  • Psicólogos y psiquiatras. Resalta que los niños y jóvenes con TEA pueden presentar importantes problemas de salud mental: depresión, ansiedad… Especialmente en las personas que no tienen una discapacidad intelectual, , que sufren por esa incapacidad de relacionarse satisfactoriamente con el resto.
  • Logopedas, en lo referente al desarrollo del lenguaje.
  • Terapeutas ocupacionales para desarrollar su autonomía.
  • Fisioterapeutas, para todo lo relacionado con la movilidad cuando existen dificultades motrices añadidas.

Por último, la psicóloga nos recuerda que también podemos resaltar muchas de las virtudes de los niños con TEA: "son personas que prestan mucha atención al detalle, son muy responsables, cumplidoras, perfeccionistas, sinceras... Tienen mucha capacidad de compromiso, de seguir las normas y suelen ser muy empáticas, a su manera".

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