María Pombo y Pablo Castellano

¿Cómo debe ser el primer baño de un recién nacido?

María Pombo ha hablado del de su pequeño Martín, así que la matrona Diana Martínez nos cuenta cómo asear a los más pequeños

por Ana Caaveiro

Hace unos días, María Pombo daba la bienvenida a su primer hijo, Martín, y ya comienza a compartir con sus seguidores algunos detalles de esta experiencia única. Entre ellos, la influencer ha hablado del primer baño de su pequeño, un momento que, como bien explicaba, le había impactado porque había llorado a pleno pulmón. Así que nos hemos puesto en contacto con la matrona Diana Martínez, @dianamartinezmatrona en redes sociales, para conocer mejor cómo debe ser la primera ‘aventura’ en el agua de cualquier recién nacido.

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Lo más importante para él es el contacto piel con piel

A pesar de lo que se ha pensado durante años, los expertos tienen cada vez más claro que lo que necesita un bebé al nacer es el contacto con su madre.

“Como siempre decimos, la mamá es la mejor incubadora para el bebé, y ese contacto piel con piel tiene muchísimos beneficios para él. Facilita la lactancia materna, el vínculo entre ambos… es un momento muy importante para ellos y hay que respetarlo”, resalta Diana Martínez.

Los niños nacen con vernix, una ‘grasita’ que les protege, que ejerce como una barrera de protección, y, según comenta la matrona, antes, se tenía la idea de que había quitarlo y limpiárselo. Pero ahora se han dado cuenta de que lo recomendable es justo lo contrario: que se vaya quitando poco a poco, y si les molesta en alguna zona específica, como, por ejemplo, los ojos.

El baño ha de ser una experiencia relajante más que de aseo

La matrona ve el baño de un recién nacido como una experiencia, más que una rutina de higiene. “Es un momento para disfrutar con el bebé”, afirma, y es por ello que aconseja que, en todo momento, se compruebe cómo se siente hacia el baño.

Si se nota que no está cómodo, asegura que no es necesario bañarle todos los días. En cambio, si supone una rutina relajante, sí se puede hacer, aunque nunca recomienda que se repita más de una vez al día. En su lugar, se puede probar a hacer masajes, que también tienen ese efecto calmante y suele encantar a los más pequeños.

Nunca hay que olvidarse de controlar el nivel de agua y la postura del pequeño

Desde el punto de vista de Diana Martínez, lo que de verdad importa no es si se trata de una bañera o un pequeño barreño. Hay que estar pendiente del nivel de agua que se vierta. “Para que sea seguro, el agua no debe llegarle nunca por encima de su cara”, asevera, y es por ello que recomienda que sean los padres quienes encuentren cómo les resulta más cómodo bañarles.

“No hay que complicarse comprando dispositivos, ya que, al final, puede que lo que nos resulte más sencillo los primeros días sea bañarle en lavabo, o incluso en la bañera si los padres se agachan y no notan que su espalda se resiente”, explica.

La forma de sostener al pequeño es igual de relevante para garantizar, así, su seguridad. Lo mejor es poner un brazo por debajo de su espalda, cerciorándose de que la cabeza queda fuera del agua, y con la otra mano, asearles.

Alerta, asimismo, del peligro de ponerles boca abajo, una práctica bastante habitual, y de la que hay que estar muy pendientes para que la cabeza no se sumerja en el agua, y evitar cualquier susto innecesario.

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La temperatura ideal: ni frío ni caliente

Otro aspecto importante es la temperatura del agua. Hay que comprobarla antes de meter al niño en el agua, y no debe ser ni demasiado fría ni caliente (para evitar quemaduras). “Ha de ser, más o menos, como nuestra temperatura corporal, y basta con hacer la prueba con el codo”, detalla.

A la hora de lavarle, lo más aconsejable es un jabón de pH neutro, y la matrona señala que no es necesario usar demasiados cosméticos. “Los bebés tienen un olor muy característico, que también juega un papel importante en la conexión que se establece entre la mama y el bebé, por lo que lo ideal es no camuflarlo con colonias y otros productos”, apunta.

De hecho, en algunos casos, si se comprueba que el bebé está limpio y no requiere un aseo más profundo, incluso basta con usar solamente agua. La esponja tampoco es indispensable ni obligatoria, sólo para casos especiales, como, por ejemplo, el meconio, su primera caca, que advierte que suele ser difícil de limpiar los primeros días.

Los bastoncillos quedan 'prohibidos'

Diana Martínez alerta sobre el uso de los bastoncillos, que pueden producir “más daño que beneficio en sus oídos”. La matrona recomienda sustituirlos por una toalla para secar sus orejas y que no queden húmedas, “y nada más”.

Con respecto al pelo, revela que tampoco necesita ningún cuidado extraordinario. Si se quiere peinar un poco al pequeño, se utiliza un cepillo de cerdas (específicos para bebés), tras secarle con la toalla.

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Cuidado con la costra láctea

La costra láctea es una dermatitis seborreica infantil que tienen muchos bebés. Y, por mucha impresión que pueda causar en los padres por su aspecto, nunca deben intentar arrancarla.

Suele presentarse en zonas como la cabeza, las cejas, la frente… y para tratarla existen cremas y champús específicos que van ablandando esas áreas. De todos modos, la matrona afirma que “se irá cayendo sola, y no tienen que frotar fuerte la cabeza: con echar el jabón y un poco de agua por la cabeza, basta”.

El secado, ‘a toquecitos’

La fase del secado tampoco debe olvidarse, y tiene que realizarse con pequeños toques, prestando especial atención a los pliegues (que suelen estar en las ingles o en el cuello) para que no queden.

Al hacerlo, se invita a disfrutarlo, no verlo con el único objetivo de secar al bebé. “Para muchos bebés es un momento fantástico, y muy relajante, por lo que siempre hay que intentar que se establezca un contacto entre la persona que lo baña y él”, destaca.

Procurar que el cordón umbilical esté seco

La mayoría de pequeños se marcha a casa con una parte del cordón umbilical, pero, ¿necesita un cuidado extra? La matrona nos asegura que, en estos casos, incluso podría evitarse el baño por inmersión hasta que se le haya caído el cordón por completo.

“Se le puede limpiar con una toalla y un poco de agua, aseándole fuera de la bañera o el barreño”, explica. El motivo es que el secado propicia la caída del cordón, por lo que hay que evitar que la zona esté húmeda, y que quede seca para que no se den infecciones.

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