Niña mordiéndose las uñas mientras mira el móvil

Cómo influye internet en las conductas alimentarias de los adolescentes

Son los más vulnerables a los mensajes que pueden emitirse en estas plataformas, llegando a desarrollar problemas como la bulimia o la anorexia. Te contamos cómo prevenir y detectar una enfermedad de estas características

by Ana Caaveiro

Las redes sociales e Internet han supuesto un hito que ha cambiado por completo nuestro estilo de vida, y en especial, el de los adolescentes. Un arma de doble filo que, a lo largo de todos estos años, nos ha mostrado tanto su mejor como su peor cara. Y así nos lo recuerda, una vez más, un estudio de la Universidad de Aston, en Birmingham, que desvela que los usuarios de estas redes suelen cambiar su dieta según lo que observan en sus cuentas favoritas. Lo que, en muchas ocasiones, no implica que sea lo más saludable y recomendable, ni mucho menos. De hecho, los expertos alertan que pueden llegar a desarrollar Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA), como la bulimia, la anorexia o el trastorno por atracón.

Problemas que, según estima Asociación Contra la Anorexia y la Bulimia (ACAB), afectan a aproximadamente un 11% de los jóvenes españoles. ¿Cómo pueden detectarlo los padres? ¿Existe alguna manera de prevenirlo? ¿Significa esto que deberían controlar lo que su hijo o hija visualiza en redes sociales? Os lo contamos.

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El peligro de las imágenes irreales en redes sociales

María Guerrero, psicóloga experta en familia de Qustodio, nos explica que, desde hace tiempo, los expertos son conscientes de que el uso de redes sociales puede dañar la autoestima y la imagen personal de los chicos más jóvenes. Todas esas imágenes de gente atractiva, en lugar de ensueño, con looks súper estilosos pueden llevar fácilmente a un adolescente a compararse, y “pensar que no es tan atractivo, adinerado o estiloso, incluso a cuestionarse su valía”, resalta.

Sara Bujalance, psicóloga y directora de la Associació Contra l'Anorèxia i la Bulímia, Asociación contra la Anorexia y la Bulimia, añade por su parte que, en realidad, todos estamos influenciados por esas imágenes que vemos en estas plataformas. El problema es que los jóvenes son más vulnerables, dado que todavía están creciendo, y por tanto, no tienen la misma capacidad crítica que un adulto para poder discernir qué es lo real. Al fin y al cabo, tras una fotografía se esconden muchas tomas, retoques, filtros... que no se ven y crean esa imagen irreal.

Es lo mismo que “hacían los adolescentes de hace 20 años, que se miraban en el espejo de una actriz, un cantante... sólo que hoy en día ha tomado el relevo youtubers, influencers...”. Los menores, en consecuencia, buscan parecerse a ellos, y para lograr ese cuerpo de la persona a la que admiran, incluso cambian sus conductas alimentarias por las que su ídolo mantiene o recomienda sin estar capacitado para ello: la mayoría “no tiene ningún título en Nutrición, pero como tienen muchos seguidores en una red social y son jóvenes, acaban dando ese tipo de consejos”.

Esto supone un factor de riesgo, que, según admite Sara Bujalance, “es muy difícil de controlar, a menos que todos los perfiles hagan una promoción explícita de conductas de riesgo, y al final sólo se puede confiar en su sentido de la responsabilidad como personajes públicos”.

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Retos y páginas web peligrosas

A lo que prodigan algunos de estos personajes populares en redes sociales, se suman peligrosos challenges. Por ejemplo, el #A4Paperchallenge para demostrar que la cintura es más estrecha que una hoja de formato A4, o el #iphone6challenge, para probar que las dos rodillas juntas no superan los 13,8 centímetros de este modelo de móvil.

Y, por otra parte, se encuentran las páginas webs y perfiles de redes sociales donde se comparten contenidos dañinos. Sara Bujalance nos explica que últimamente en la asociación se están encontrando también con grupos de WhatsApp, que son muy complicados de controlar. “Detrás de estos perfiles, suele haber chicas enfermas, que ya tienen el TCA, y que se ponen en contacto con otras personas que bien tienen el trastorno o lo están desarrollando para, de una manera patológica, darse apoyo en la enfermedad: trucos para adelgazar, para vomitar... Incluso organizan carreras de kilos para ver quién consigue perder más peso”.

Una característica de las webs de este estilo es que personifican los trastornos: Mía responde a la bulimia, mientras que Ana representa la anorexia. En estos sitios, hasta las definen como sus propias amistades, con frases como “mi amiga Mía es la que me acoge cuando Ana falla”. El peligro, apunta la psicóloga, reside en que se presentan como si esta conducta fuera un estilo de vida, y a simple vista, en estas páginas pueden parecer inofensivas porque “hablan mucho de princesas, se ven dibujos de mariposas...”. La experta alerta, asimismo, que el volumen de contenido ha aumentado muchísimo en los últimos años, y que los métodos continúan avanzando conforme van apareciendo más redes sociales.

Estas páginas se pueden denunciar, enviándoles una notificación a los responsables. En Cataluña, por ejemplo, el año pasado se aprobó un decreto ley que modificaba su Código de Consumo, de forma que se puede perseguir y sancionar los contenidos que hagan apología de los trastornos alimentarios. De este modo, se les da un margen de tiempo para retirar la información, y si no lo hacen, tendrán que pagar una multa.

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Signos que nos pueden alertar de que hay un problema con la alimentación

Sara Bujalance y María Guerrero destacan que las siguientes señales nos pueden indicar que existe un riesgo de que desarrollen un Trastorno de la Conducta Alimentaria:

  • Cambios de la alimentación y actividad física para cambiar de peso, sin que haya el control de ningún profesional. Esta conducta de riesgo está muy aceptada socialmente.
  • Manifestación explícita de que no le gusta su cuerpo. Expresiones como “estoy gorda”, “tengo los muslos enormes”...
  • Reticencia a hacer ciertas actividades que impliquen la exposición de su cuerpo. Por ejemplo, no querer ir a la piscina o a la playa para evitar verse en bikini o bañador.
  • Alteración de su estado de ánimo. Los adolescentes tienen cierta fluctuación del ánimo, pero si es de forma constante, hay que estar pendiente.
  • Aislamiento social. Que se encierren mucho en su cuarto y dejen de quedar con sus amigos para quedarse con el móvil o con el ordenador.
  • Pérdida de peso repentina, el estreñimiento o el dolor abdominal.
  • Consulta de webs relacionadas con el control de peso, adelgazamiento, dietas o productos adelgazantes. A lo que se unen otros espacios que recomienden tablas de ejercicios, rutinas de ejercicio...

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Enseñarles a navegar por la red, lo más importante

La mayoría de padres desconocen el tipo de contenido que sus hijos consumen en Internet. No obstante, la posibilidad de realizar un control de lo que visualizan es complejo, dado que también resulta esencial comprender la gran influencia que ejerce en las vidas de estos adolescentes, que todavía no han formado su identidad propia, y tienen derecho a la privacidad. Por ello, las expertas aconsejan:

  • Hablar con ellos y hacerles llegar los mensajes adecuados respecto a un estilo de vida saludable, tal y como apunta María Guerero.
  • Supervisar hasta cierto punto. Los padres deben estar pendientes y supervisar en cierta medida. Interesarse por lo que ven, pero sin invadir totalmente su espacio. 
  • Darles normas y códigos para navegar. La prevención es la clave. Desde pequeños, enseñarles que en internet hay de todo, que aprendan cómo identificar esos contenidos peligrosos para que, en cuanto los vean, nos avisen.
  • Enseñarles a ser críticos con los mensajes que aparecen en la publicidad. Incluso viendo una película, cuestionar los estereotipos de género, por ejemplo.
  • Inculcar respeto por la identidad corporal. Enseñarles a admitir su cuerpo y el de los demás sin tener en cuenta su tamaño y su forma. Es fundamental que aprendan a valorar a las personas más allá de su apariencia física.

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Si se detecta algún problema, acudir al especialista

Sara Bujalance recomienda a los padres que tengan alguna sospecha:

  • Hablar con el adolescente desde la comprensión. Ser pacientes y comprensivos, entender que esto es una enfermedad.
  • Buscar, en la medida de lo posible, un equipo especializado en Trastornos de la Conducta Alimentaria, y que sea multidisciplinar. Es decir, que tengan un psicólogo, psiquiatra, enfermero... y que le hagan el diagnóstico adecuado.

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