Madre e hija adolescente

Cómo abordar la llamada 'crisis de la adolescencia'

La montaña rusa de emociones propia de esta etapa influye notablemente en el carácter de todo adolescente, pero también en sus relaciones con los demás

by Gtresonline

La adolescencia es una etapa complicada, tanto para los adolescentes como para los padres, que la Organización Mundial de la Salud (OMS) define como "el periodo de crecimiento y desarrollo humano que se produce después de la niñez y antes de la edad adulta, entre los 10 y los 19 años". Este momento, en el que los jóvenes dejan atrás la infancia para enfrentarse a una nueva etapa, está repleto de cambios físicos, sociales y emocionales. Los familiares también 'sufren' este complejo proceso, en el inevitablemente se enfrentan a situaciones tensas y de desconcierto. No obstante, aunque a veces sientan que se están alejando cada vez más de sus hijos, los padres continúan siendo un apoyo fundamental para ellos y tienen que permanecer a su lado en esta importantísima etapa.

En la mayoría de los casos, la pubertad irrumpe con fuerza para desorganizar todo aquello que estaba 'controlado'. Esto es conocido como 'crisis de la adolescencia'. Comienzan a producirse las hormonas sexuales y sorprendentes cambios físicos, como el crecimiento de vello o el desarrollo de los genitales, además de transformaciones psicológicas. Surgen temores y complejos, empiezan a definir sus posturas, ansían nuevas experiencias y sus sentimientos son cambiantes y, a veces, contradictorios. Esta montaña rusa emocional influye notablemente en el carácter de todo adolescente, pero también en sus relaciones con los demás.

Momento de reorganizar las relaciones

Con la llegada de la adolescencia, los jóvenes exigen más espacio. Empiezan a actuar y a pensar por sí mismos y ansían gozar de una mayor independencia. Este espacio debe ser concedido, pero con los padres al lado. Aunque se rebelen y sientan que nadie les comprende, los progenitores no tienen que tirar la toalla, sino continuar guiando y acompañando a sus hijos en esta nueva etapa.

  • Establece normas y límites: Antes de nada, es importante que ambos progenitores se pongan de acuerdo para que el joven no reciba mensajes contradictorios. No se trata de imponer nada ni de establecer castigos prolongados que únicamente generan malestar, sino de llegar a un consenso con el joven. Él debe ser partícipe en las decisiones sobre lo que puede o no puede hacer y cuáles van a ser las consecuencias por su incumplimiento.
  • Apuesta por la comunicación: La comunicación es el punto más importante para mantener una relación saludable. Dialoga y busca momentos de complicidad. Aprovecha el momento para conocerle más a fondo, pero sin interrogarle, y evita los sermones. La conversación debe ser fluida para que el joven reconozca que eres un apoyo y no un 'enemigo'.
  •  Anticípate: Es recomendable que, antes de que llegue el momento, el niño sepa que tanto su cuerpo como su mente van a sufrir cambios. Mantén diálogos sobre temas como las transformaciones físicas, la sexualidad, las relaciones saludables, el respeto, la seguridad… Esto propiciará la creación de una base sólida para conversaciones futuras
  • Alaba la independencia y respeta su intimidad: La adolescencia es el paso previo a convertirse en una persona adulta. El joven debe aprender a tomar sus propias decisiones y a tener un pensamiento crítico, pero tienes que recordarle que no estará solo en este camino y que permanecerás su lado para todo lo que necesite. 

¿Qué hace que una madre sea capaz de darlo todo por su hijo?

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