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Si sufres de diabetes o hipertensión, vigila la salud de tus riñones

Tener hipertensión o ser diabético aumenta el riesgo de sufrir una enfermedad renal y esta, además, aumenta la posibilidad de tener la tensión alta. Te explicamos cómo cuidar de tus riñones y qué señales te lanzan cuando funcionan mal

by Nuria Safont

La buena salud de los riñones es crucial para una vida sana. Y hay que cuidarlos bien, puesto que participan en diversas funciones críticas para nuestro organismo. Por ejemplo, filtran la sangre y eliminan toxinas, contribuyen a regular la presión arterial, o tiene un papel crucial en el control de la anemia, entre otras. Se consideran 'órganos diana' puesto que cualquier alteración o proceso tóxico del cuerpo les afecta. Y si ocurre, toda nuestra salud se resiente. Por ello, hay que detectar de forma precoz todas aquellas señales que nos alerten de que algo está fallando, ya que la mala función renal se puede detener, pero nunca recuperar el daño. Según la Sociedad Española de Nefrología, la enfermedad renal crónica (ERC) es un problema de salud pública importante que afecta, aproximadamente, al 10% de la población adulta española y a más del 20% de los mayores de 60 años. El problema se agudiza por la falta de diagnóstico que impide un control de la patología en sus estadios iniciales.

Entre las personas que sufren hipertensión arterial y/o diabetes, la cifra de afectados por enfermedad renal crónica se dispara hasta el 40%. Y es que, estas dos patologías pueden dañar, de forma irreversible los riñones. El problema se agudiza ante la falta de diagnóstico, tanto de estos factores de riesgo, como de la misma enfermedad renal crónica. De ahí el control y manejo adecuado de estas dolencias para evitar perjudicar más los riñones. 

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Síntomas de un problema renal

Uno de los peores enemigos de la ERC es el propio carácter silente de la enfermedad, que en ocasiones, no da la cara hasta que se ha producido una pérdida importante de función renal, que en el mejor de los casos, se puede detener, pero nunca recuperar.

Por ello es fundamental que aquellas personas que reúnen factores de riesgo como los mencionados, es decir, que son hipertensas o diabéticas, o que tienen antecedentes familiares, son mayores de 60 años o padecen colesterolemia se sometan a controles nefrológicos para frenar la enfermedad desde el principio.

Según el doctor Manuel Angoso, responsable de la Unidad de Chequeos del Hospital Vithas Nisa 9 de Octubre y del Servicio de Nefrología del Hospital Vithas Nisa Virgen del Consuelo, “las señales que pueden indicarnos que puede haber una insuficiencia renal son múltiples. Entre los más comunes estarían la alteración del sabor de las comidas, náuseas o vómitos, confusión o dificultad para pensar, falta de apetito, cefaleas, fatiga, picor generalizado en la piel, etc.). Se trata de síntomas difusos que pueden no asociarse a esta patología. Además, “existen una serie de síntomas que son motivo de consulta urgente”, indica el doctor. Estos son:  

  • Tensión arterial elevada.
  • Hinchazón en los parpados, tobillos o manos.
  • Cambio en la orina: en el color, la consistencia o su olor.
  • Sangre en la orina o nivel de proteínas altas que puede ser detectado en el análisis.

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Cómo evitar los problemas en los riñones

Para tratar de evitarla la enfermedad renal, se deben tener en cuenta los factores de riesgo. Estos se dividen en no modificables, es decir, no podemos cambiarlos, y en modificables, en los que sí podemos intervenir. 

No modificables. La edad -por encima de los 60 años-, el sexo (masculino), antecedentes familiares o problemas durante la gestación, así como el bajo peso al nacer -que se asocia a un menor número de nefronas, las células de los riñones- aumentan la probabilidad de sufrir un problema renal.

Modificables. Evitar el tabaquismo, el sedentarismo o el sobrepeso. Asimismo, el buen control de la tensión arterial, los cólicos renales, el crecimiento de la próstata o de los niveles de ácido úrico también contribuyen a preservar la salud de los riñones. Si se está tomando, de forma continua, medicación para el dolor o el sobrepeso, así como si se padecen enfermedades autoinmunes, también es aconsejable que se realicen revisiones periódicas por parte del médico”, apunta el doctor Angoso. El exceso de azúcar en sangre, por su parte, puede acabar dañando los riñones. Por eso es importante controlar bien la diabetes mediante la dieta, ejercicio físico medicación si es necesario, y no descuidar los controles que indique el endocrino. 

Cómo tomar (bien) la tensión arterial

Como decíamos, la tensión arterial está íntimamente ligada a la función del riñón. Tanto es así, que una tensión alta no solo puede provocar daño renal; la enfermedad renal también provoca una subida de la tensión arterial.

Por ello es fundamental controlar los niveles en casa o en una farmacia. Es, además, esencial medirlos bien, puesto que una mala práctica puede distorsionar los resultados. En este sentido, el nefrólogo Manuel Angoso nos da las siguientes pautas para utilizar correctamente el tensiómetro:

  • Permanecer en reposo al menos durante 5 minutos antes de tomar la tensión.
  • No tomar café, té, u otra sustancia excitante.
  • Asegurarse de que el manguito se adapta al tamaño del brazo.
  • No cruzar las piernas.
  • No redondear cifras y llevar un control de lo que marca el tensiómetro. 

Valores normales de tensión arterial

El valor normal de tensión arterial sistólica, denominada también, máxima o alta, y que mide la fuerza con la que la sangre es bombeada por el corazón cuando late, es de 120 mmHg.

La diastólica, también llamada baja o mínima, se refiere a la presión arterial de la sangre cuando el corazón descansa entre latido y latido. El valor normal es de de 80 mmHg.

Tensión alta se considera cuando la sistólica es igual o superior a 140 mmHg y/o la diastólica es igual o superior a 90 mmHg.

Si tras la medición los valores son preocupantes hay que repetir hasta tres veces en intervalos de entre cinco y diez minutos la misma operación, así como realizar varias mediciones, durante al menos una semana. También se debe acudir al médico si los valores altos persisten. 

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