A dónde puedo entrar con mi perro según la ley

Por mucho que los locales comerciales pudieran querer que los perros entren en ellos, la ley tiene la última palabra

by Cristina Soria

Salir a la calle para dar un paseo con tu perro y aprovechar el viaje para comprar algunas cosas resulta una tarea doblemente divertida y productiva. Porque llevas a un acompañante que siempre está deseoso de seguir tus pasos y tú sientes que estás compartiendo más tiempo con tu perro mientras que realizas tareas rutinarias e ineludibles como comprar el pan, algo de fruta o pasta de dientes.

Sin embargo, no es tan fácil. La normativa del Ministerio de Sanidad establece que los perros no pueden acceder a los locales comerciales donde se elabore comida, se venda o se almacene. Es decir, que en toda España no hay excepciones para que los perros puedan entrar en locales donde se manipule o vendan alimentos. Ni centros comerciales, ni mercados, ni pequeñas tiendas de alimentación.

Esto pone en punto ciego a un altísimo porcentaje de lugares a los que podrías querer ir, no solo porque el dueño del local pueda autorizar o no, sino porque la propia legislación lo prohíbe. 

La legislación no ve ningún tipo de excepción y engloba desde los lugares donde la comida está envasada y no existe ninguna probabilidad de que el perro contamine los alimentos (como una tienda 24 horas con alimentos envasados),y de la misma manera, también prohíbe que en una pastelería con zona de cafetería (donde se elabora pan o bollos en un horno) podamos acceder con nuestra mascota a comprar una barra de pan o tomarnos un café con pastas.

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La única excepción que recoge la ley son los restaurantes

Los locales de restauración no están bajo la normativa estatal, sino local, y son por tanto los municipios los que deben legislar acerca de en qué situaciones un perro puede acceder a un bar o restaurante y cuándo no. Esto varía mucho en función de los ayuntamientos. En general, las ciudades grandes tienden a ser más “dog-friendly”.

A dónde pueden ir los perros según la leyVER GALERÍA

Aunque, en todo caso, los municipios lo que hacen es autorizar o no al dueño a tener la última palabra para permitir (o no) a los perros entrar en el establecimiento. Madrid, Barcelona y Bilbao tienen en su normativa la libre disposición de los restaurantes para decidirlo, por lo que queda en su mano. Sin embargo, ciudades como Santander y Pamplona no autorizan a que esa decisión sea del dueño, y prohíben sin lugar a excepción que los locales de restauración acepten a los clientes perrunos.

Lo que en ningún caso puede una administración, sea estatal o municipal, es permitir unilateralmente el acceso de un perro en un establecimiento comercial. Pese a que la ley sí prohíbe que a una persona se le niegue el acceso a un local de forma arbitraria, prevaleciendo ese derecho antes que el de libre admisión, en el caso de las mascotas la ley más permisiva solo deja esta decisión al criterio del dueño del local.

La única excepción, que además es extensible a todos los casos, es el de los perros guía y los perros profesionales de la policía, que siempre pueden acceder a cualquier local comercial, aun cuando se manipulen alimentos en su interior.

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La triple paradoja de prohibir la entrada a los perros

Son muchos los locales que tienen en su puerta unas arandelas para que atemos a nuestro perro mientras compramos. El cartel sobre estas dice “Yo te espero aquí”. Sin embargo es difícil dejar a un ser querido, parte de la familia, atado e indefenso en la calle. Resulta una paradoja aprovechar el tiempo con tu perro para realizar compras, y dejarlo a su suerte esperando en la calle.

De la misma manera, también resulta una paradoja que según la legislación nacional los perros no puedan acceder siquiera a un local donde la comida permanece envasada y donde no existe manipulación de alimentos, y sí puedan acceder y pasar horas en un restaurante, donde por ejemplo puede existir una cocina abierta de sushi, y donde la barrera entre los comensales y los cocineros podría ser efímera.

Desde un punto de vista sanitario, la paradoja está en aquello que hace “peligroso” a un perro es un local donde hay comida. Los perros no tienen más suciedad en sus patas de la que todos podemos llevar en los zapatos, por lo que en su caso la prevención tiene que ver con los parásitos.

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