Normas no escritas que debes seguir en el gimnasio

Las salas de entrenamiento tienen su propias normas que, normalmente, te toca descubrir por tu cuenta. Te ayudamos a conocerlas para que nadie tenga motivos para mirarte mal mientras entrenas.

Por Cristina Soria

Aunque no aparezcan escritas en ningún sitio, en el gimnasio, como en cualquier sitio en el que compartas un espacio con otras personas, existen unas normas de obligado cumplimiento, que garantizan el buen ambiente entre todas las personas que pasan por allí. Como nadie te las suele decir, es posible que no cumplas alguna si eres nueva en el gimnasio. Estas son las imprescindibles para que todo el mundo esté encantado de coincidir contigo a la hora de hacer deporte.

El saludo, un gesto de buena educación

Parece algo evidente, pero lo cierto es que el acto de saludar, en numerosas ocasiones, brilla por su ausencia. Es un código que se da por hecho entre deportistas, runners, montañeros… y que es válido hasta para entrar y salir de un ascensor. Así que, aunque no conozcas a nadie, saluda cuando llegues a una clase o cuando entres y salgas del vestuario.

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En las máquinas, usa la toalla

No solo porque es obligatorio, sino porque es un gesto muy feo con el resto de usuarios. Además, piensa que la persona que te precede tampoco ha colocado su toalla y eres tú la que se encuentra por sorpresa con su sudor… Por todas las razones posible, coloca siempre tu toalla en la máquina antes de sentarte.

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Hablar por los codos puede molestar

Es cierto que el gimnasio es un sitio estupendo para socializar y hacer amigos, pero procura no ponerte a hablar sin parar con alguien que está intentando hacer sus rutinas de ejercicio. Piensa en lo complicado que es levantar pesas y contar repeticiones mientras escuchas hablar a otra persona que, además, parece esperar que interactúes en la conversación.

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Recoge las mancuernas

Lo has dado todo en tu entrenamiento, y has usado un montón de mancuernas diferentes: unas para bíceps, otras para sentadillas, otras para tríceps… y seguramente te las encontraste perfectamente ordenadas por peso en su soporte correspondiente. Pues ahí es donde tienen que regresar y tú eres la encargada de llevarlas. Si las dejas en cualquier parte, otros tendrán que perder tiempo buscándolas.

No te tomes  un descanso en la máquina

Cuando vayas a descansar entre serie y serie, no te quedes consultando tus redes sociales en el móvil sin levantarte de la máquina, porque impides que otra persona la utiice durante esos minutos. Lo más productivo es que te alternes con otra persona y que mientras una descansa, la otra se ejercite.

Los selfies, mejor si estás sola

Mucha gente se hace fotos con actitud de estar haciendo mucho esfuerzo o luciendo tipo frente al espejo de la sala de musculación. El problema es que no se dan cuenta de que normalmente hay más gente reflejada, y que, seguramente, no tienen ningunas ganas de salir en ninguna foto. Y mucho menos que esa foto acabe publicada en alguna red social. Los selfies en el vestuario no hacen otra cosa que empeorar la situación. Si no puedes resistirte a inmortalizar tu visita al gimnasio, asegúrate de que la única persona que aparece en la foto eres tú.

Escuchar música, siempre con auriculares

Aunque la música haga más llevadera los entrenamientos, nadie tiene por qué conocer tus gustos musicales. Además, tu música puede afectar el ritmo de entrenamiento de otras personas. Hazte con unos buenos auriculares y disfruta sin límite de la música que te apetezca oír en cada momento; con unos inalámbricos, ni te enterarás de que los llevas. Y si no, siempre puedes disfrutar de la música de ambiente, que normalmente está pensada para el entrenamiento de los usuarios.

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