La tabla de quesos definitiva para tus cenas más informales

¿Quién ha dicho que no se pueda montar una velada en torno a este delicioso producto? Te contamos cómo puedes conseguir una mesa llena de aromas, sabores y texturas, aprendiendo a mezclar y servir los diferentes tipos de quesos con maestría

by Marta Romero

Cuando organizamos una cena en casa y no tenemos apenas tiempo de preparar grandes platos, una tabla de quesos es muy socorrida. Además de ser una opción deliciosa para cualquier ocasión (sobre todo, si es de tipo informal), ha llegado a convertirse en una de las tendencias foodies del momento. Son muchas las bodas y celebraciones que ya dedican (en exclusiva) toda una mesa o un gran rincón a este producto. Y es que, ¿a quién no le gusta un poco de queso? Un picoteo informal que, si se hace bien, acaba por llevarse el auténtico protagonismo de la velada, sin que sean necesario muchos más aderezos. Así, dejando a un lado posibles maridajes, los panes que mejor o peor combinan y esos ingredientes –como la miel o los frutos secos- que pueden ser la compañía más acertada, nos centramos en el queso para contarte cómo conseguir una tabla equilibrada y perfecta.

¿CUÁL ES EL NÚMERO PERFECTO?

Según la regla francesa, expertos en esto del queso, el número ideal que debemos poner sobre una tabla está entre 6 y 8 variedades, ya que incluir más no nos dejaría apreciar el aroma y sabor de todos ellos. Pero, como todo, tiene sus excepciones, y esto dependerá del número de comensales y del momento en el que vayamos a servir nuestra tabla de quesos. Así, esta regla es perfecta cuando nos decidimos a servirlo como uno de los platos centrales de nuestra velada. Sin embargo, si se trata de un entrante para dos personas, valdría con una tabla de 4 quesos diferentes. Y si es para un postre, un pequeño plato de 3 variedades es suficiente; por ejemplo, uno blando, uno de pasta cocida y uno prensado.

¿CUÁNTAS VARIEDADES DEBERÍA INCLUIR?

Una vez hemos decidido el número de quesos con el que vamos a contar, lo mejor es ir saltando de una familia quesera a otra, para enriquecer nuestra tabla con texturas, aromas y sabores diferentes, pero siempre buscando que sean complementarios entre sí. Por eso, lo mejor es atender a todas las clasificaciones que existen e ir mezclando, dejándose guiar también por el gusto propio o el de tus invitados. Fíjate, sobre todo en estas tres variedades:

  • Animal del que procede: intentar contar, al menos, con uno de cabra, otro de oveja y de vaca.
  • Textura: pasta dura, semidura, blanda, azul y esos quesos untables que vienen en tarrinas. Si te es imposible abarcarlas todas, quédate, al menos, con las tres primeras.
  • Maduración: cuenta con uno tierno, uno semicurado, otro curado y, por último, uno envejecido.

Además, si aún quieres darle más variedad a tu tabla, fíjate también en la técnica de elaboración, en el tipo de corteza (lavada, enmohecida, prensada, etc), en la intensidad de su aroma y sabor (que nos lleva desde quesos muy frescos hasta otros más fuertes y algunos dulces, perfectos para un postre), y en la región de su procedencia. Puedes crear una tabla de corte internacional, pues es mucho más fácil distinguir entre unos tipos de quesos y otros, abriendo el abanico en esta última categoría. Por ejemplo, un queso emmental para los de pasta cocida, un camembert francés para los de pasta blanda o un stilton inglés para cerrarla con uno de pasta azul.

CORTE Y TEMPERATURA DE LOS QUESOS

Para los quesos tiernos, semiduros o duros es mejor que conservemos la corteza y cortemos el queso en forma de cuña o rectángulo. Sin embargo, para los quesos maduros, se recomiendan cortes más finos; así, la grasa y la potencia aromática que tienen no resultará demasiado fuerte.

Los untables y los quesos muy blandos es mejor que se queden en sus propias tarrinas o depositarlos en pequeños recipientes que nos haga más fácil cogerlos. Y para los que son demasiado duros (como un parmigiano reggiano), lo mejor es la imperfección que forman sus lascas cuando presionamos con fuerza el cuchillo para intentar romperlo. Eso sí, hay una excepción, nuestra exquisita tarta del casar: ha de servirse siempre abierta y entera. Y si hablamos de temperatura, todos ellos han de quedarse entre los 16-18 °C.

¿CÓMO PRESENTAR UNA TABLA DE QUESOS?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que, en toda degustación, hay que ir habituando el paladar desde el sabor más suave (como el que suelen tener los quesos tiernos) hasta el fuerte aroma de los azules y ahumados. Por eso, es recomendable empezar siempre con aquellas variedades lácticas más frescas, de apenas maduración, como puede ser un queso de cabra. Aunque todo dependerá del tamaño y la forma de la superficie en la que vamos a colocarlo. Si el plato es redondo, hay que seguir el sentido de las agujas del reloj, dejando el queso más suave en el centro e ir añadiendo intensidad hacia el exterior. Si el plato es rectangular, lo mejor es hacerlo de izquierda a derecha. Y, como último consejo, lo mejor es que prescindas de tenedores y cuchillo; con el queso, debemos apreciarlo todo.

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