Ashley y Hanna y la familia Barraza, los grandes triunfadores de 'Me pongo de pie'

Por hola.com

En la historia de los programas de talentos, Me pongo de pie ha sido un refrescante parteaguas pues, a pesar de que se trata de un programa grabado, la calidad y el profesionalismo de los concursantes y los jueces le imprimieron un estilo distinto. Así, en medio de risas, lágrimas, polémicas y, sobre todo, mucho talento, el concurso llegó a su fin este domingo con el triunfo de la familia Barraza, bajo la tutela de las cantantes Hanna y Asley, las hermanas que integran el dueto Ha*Ash.

El programa se había convertido en una feroz carrera por el triunfo, pues el premio de 850 mil pesos no era un aliciente menor. Sin embargo, tener a coaches competitivos y bien preparados como Hanna y Ashley, Paty Cantú, Noel Schajris o Río Roma incrementó el elevó el nivel de competitividad al tope entre las familias que se apuntaron al concurso y que sin embargo terminaron como grandes amigas fuera del escenario.

Las hermanas del dueto Ha*Ash se distinguieron, a lo largo del concurso, por la dureza con la que enfrentaban las críticas de los jueces y su desencuentro con la cantante Belinda, una de las invitadas especiales al programa, le dio la vuelta a la red y desató duros enfrentamientos virtuales entre las fans de ambos “bandos”, pero al final triunfaron gracias a su dedicación y perseverancia, pues le arrancaron de las manos el triunfo a la familia Cervantes, que comandaba Paty Cantú.

Me pongo de pie fue una producción de primer nivel de principio a fin, pues no sólo contó con la conducción de Galilea Montijo -que en estos momentos es quizás la conductora más influyente de México-, también los jueces elegidos hicieron un gran papel. Ana Torroja, Espinoza Paz y Cristian Castro, cada uno con personalidades distintas pero igual de magnéticas, contribuyeron a imprimir un toque divertido pero profesional al programa.

Pero las grandes revelaciones fueron los niños y jóvenes que, acompañados de sus padres, participaron a en la emisión. Los pequeños lograron interpretaciones con un nivel de profesionalismo digno de los grandes escenarios. No sólo con registro vocales impresionantes, también con mucha personalidad, entusiasmo y corazón.

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