Vanessa Huppenkothen y Octavio, ‘el Payo’ García, aventura nocturna en Chapultepec

by hola.com

Después de besar a muchos sapos, Brenda, una chica de treinta y pocos años, encontró a Rodrigo, un joven que con tal de pasar más tiempo con ella y compartir sus intereses, corrió a su lado un Medio Maratón. Días después de la hazaña, el joven, hasta entonces poco entusiasta de la carrera, le dijo: “Si algún día dudas que te amo, recuerda que por ti corrí 21 kilómetros”.

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Esta historia real de una chica trabajadora e inteligente sirve hoy para ilustrar la relación que Vanessa Huppenkothen mantiene con Octavio, “El Payo” García. Anoche, el matador acompañó a la conductora a una carrera nocturna de 10 kilómetros, a la cual la joven asistió como invitada especial de los organizadores.

La pareja salió de la meta establecida a la altura de la fuente de Las Ninfas, en la segunda sección de Chapultepec, a las 08:30 pm. Ella, en un outfit anaranjado, negro y rosa, y una diadema con orejas de conejo (en representación del patrocinador), y él, en unos pants negros con rayas azules. Salieron separados, pues Vanessa tenía que encabezar el contingente, pero después del pistoletazo oficial esperó a “el Payo” para correr a la par y, al final, cruzaron la meta juntos.

Vanessa Huppenkothen, de 29 años de edad, reconoció la semana pasada que ha comenzado una relación con Octavio, de 25, pero dijo enfatizó que “están viendo si funcionan como pareja o no”. Pues bien, los expertos en relaciones afirman que, entre más intereses comparten los miembros de la pareja, mejor.

Después de la carrera –durante la cual también desafiaron juntos a la lluvia- Vanessa y “El Payo” García participaron en la convivencia que ofrecieron los organizadores y se entretuvieron con la diadema de orejas de conejo que la conductora portó durante los 10 kilómetros. No se sabe qué ocurrió con el accesorio, pero ambos lo examinaron detenidamente.

Y si bien no hubo besos ni abrazos entre los guapos y exitosos, sí hubo una gran demostración de camaradería pura. No obstante, en las cosas del corazón –como en la vida- sólo el tiempo tiene la última palabra.

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