El príncipe Guillermo, Taylor Swift y Jon Bon Jovi

Fue en 2013 en una gala celebrada en Londres

El príncipe Guillermo cuenta cómo Taylor Swift le convenció para cantar con ella: 'Todavía me ruborizo'

'Me puso la mano en el brazo, me miró a los ojos y dijo: '¡Vamos!'', relata el duque de Cambridge con mucho humor sobre aquella noche memorable

por Martín Gálvez Piqueras

No muchos lo recuerdan, pero hubo un día en el que el príncipe Guillermo se subió al escenario como una auténtica estrella del rock, para cantar al unísono el mítico Livin' on a Prayer con dos grandes artistas internacionales como son Taylor Swift y el propio autor del tema, Jon Bon Jovi. Fue un 26 de noviembre de 2013, cuando Londres acogía un evento solidario al que asistía el duque de Cambridge y otros ilustres invitados. La cita tenía lugar en una carpa especialmente construida para la ocasión, ubicada en los jardines del Palacio de Kensington. En un momento de la velada, se producía aquella escena única y totalmente improvisada que quedará para siempre en la retina de los protagonistas y de todos los que la presenciaron. Ocho años después de lo vivido, el hijo mayor de Carlos de Inglaterra ha echado la vista atrás para contar al detalle cómo sucedió lo que por entonces pocos podían imaginarse. "No me puedo creer que esté contando esta historia", comienza diciendo el Príncipe con gran sinceridad y mucho humor en el podcast Time to walk de Apple, en unas declaraciones que no tienen desperdicio alguno.

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"Era una gala anual de recaudación de fondos para Centrepoint, la ONG para jóvenes sin hogar a la que tengo mucho cariño y he apoyado durante años", explicaba al principio para situarnos en contexto. "Cuando vi que Jon Bon Jovi y Taylor Swift estaban también allí, casi me quedo sin aliento", confiesa sin complejos. "Me senté a ver la actuación" del músico norteamericano, que además era su ídolo de juventud, "y nunca pensé que ocurriría lo que vino a continuación", añade. "Taylor Swift estaba a mi izquierda y, después de sonar la primera canción, hubo una pausa y ella se volvió hacia mí. Me puso la mano en el brazo, me miró a los ojos y dijo: "Vamos, Guillermo. Vamos a cantar", relata. "A día de hoy, aún no sé qué me pasó... Incluso todavía me ruborizo al recordarlo y no entiendo por qué cedí", admite. "Pero, francamente, si Taylor Swift te pide algo así y te dice: "Ven conmigo...", pues te levantas como un perrillo y piensas: "Vale, está bien, parece una buena idea. Lo haré", reconoce con gran vis cómica. Entonces, "subí al escenario en trance y luego, a mitad de la canción, me espabilé", explica.

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"Y me dije a mí mismo, '¿Estoy aquí cantando este tema cuando ni siquiera me sé bien la letra?", prosigue entre risas. "Sin embargo, los chicos y chicas de Centrepoint estaban allí vitoreando y disfrutándolo al máximo, así que pensé: "Bueno, la noche es para ellos... y ¡qué demonios! no seré yo el gafe que arruine el concierto" acústico, narra. "Así que traté desesperadamente de recordar algunas de las palabras de la canción y cantar tan fuerte como pude... aunque debajo de la corbata sudaba mucho y me veía como un pato mareado", cuenta sin rubor. "Ahora, mucha gente podrá pensar que me siento cómodo sobre el escenario, cuando hago discursos y cosas así. El caso es que ya he dado muchos y no tengo ningún problema, pero en ninguno de ellos he terminado cantando", señala con humor. Sea como fuere, el duque de Cambridge considera que "a veces, cuando te sacan de tu zona de confort, tienes que tirar para adelante como sea". Cree que "estamos en un momento en el que nos preocupamos demasiado por cómo nos ven los demás en las redes sociales, quién ha dicho esto o lo otro sobre mí, qué llevo puesto... Hay tantas presiones que de vez cuando no está mal hacer un poco el ridículo, dejarse llevar y no tomarse a uno mismo tan en serio", sentencia.

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