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Lucy Adams, la reportera de la BBC que ha luchado contra el Covid-19 persistente durante 16 meses

Fatiga persistente, fuertes dolores de cabeza, musculares y de articulaciones son algunos de los síntomas con los que la periodista lidia todos los días

por Ricardo Vidal

Muchos de los que han sufrido Covid-19, han tenido que lidiar con las secuelas que esta enfermedad les ha dejado, incluso por un tiempo prolongado. Fatiga persistente, fuertes dolores de cabeza, musculares y de articulaciones, así como dificultad para respirar son algunos de los síntomas que algunos pacientes han enfrentado aún después de haber sido dados de alta. Sin embargo, existe un síndrome que ha comenzado a ser estudiado por algunos expertos y al que han llamado del Covid persistente, debido a que puede llegar a prolongarse por meses, dejando a quien lo padece prácticamente imposibilitado para hacer una vida normal. Tal es el caso de Lucy Adams, una reportera de la BBC de 42 años que se contagió de coronavirus justo en marzo de 2020, cuando la pandemia comenzaba a extenderse, y que 16 meses después sigue padeciendo los devastadores efectos de esta enfermedad que ha puesto al mundo en jaque.

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Fue a través de un artículo escrito para el medio británico que la periodista contó a detalle el calvario que ha vivido tras haberse contagiado en marzo pasado. “Nos dijeron que le diéramos tiempo. Así lo hicimos. Han pasado 16 meses desde entonces”, expresó Lucy al relatar que cuando la diagnosticaron con Covid-19 los servicios de salud en el Reino Unido estaban desbordados, por lo que le dijeron que debía pasar su enfermedad en casa aislada y que acudiera al hospital solo si la dificultad para respirar fuera grave o los labios se le pusieran color azul o morado. Al mismo tiempo, su pequeña hija de 7 años comenzaba a mostrar síntomas y agravarse, por lo que la preocupación era doble. “Aunque pareció recuperarse, luego empezó a sentirse invadida por la fatiga y la falta de aliento”, relató.

Para Lucy, los días se convirtieron en semanas y luego en meses, sin mostrar mayor mejoría, al contrario, había días en los que el dolor y la fatiga era tal, que prácticamente tenía que aislarse del ruido y la luz, pues todo le era insoportable. Su malestar llegó a tal nivel, que incluso llegó a pensar que no volvería a hacer su vida como antes, y su principal preocupación era el cuidado de su familia. “En mi incapacidad para explicar esa sensación de miedo, aislamiento y soledad, me convencí de que nunca podría volver a trabajar. Temía terminar sin poder cuidar de mis hijos o no encontrar otro trabajo o perder mi lugar en la sociedad. Estar enferma se convirtió en mi vida”, contó.

De hecho, Lucy contó su experiencia en un primer artículo que publicó en la BBC en noviembre pasado, en el que relató cómo el virus le había cambiado la vida en tan poco tiempo, pues pasó de ser una aficionada al alpinismo y tener una vida completamente activa, a estar postrada en una cama, esperando tener días buenos entre tantos días malos. Dispuesta a recuperar su vida anterior, Adams comenzó a probar diferentes tratamientos y a visitar a un sinfín de especialistas. “No podía rendirme, así que probé muchas cosas diferentes: dietas restringidas, inmersión en agua fría, acupuntura, homeopatía. Suplementos extraños”, reveló. Además, ella misma se animaba a salir y dar pequeñas caminatas, a pesar de que sabía que a su regreso pagaría las consecuencias de su esfuerzo. “Tenía miedo de que los demás, al ver que podía salir a caminar, asumieran que me estaba recuperado… Después de caminar me tenía que ir directamente a la cama o probablemente era castigada con un dolor de cabeza cegador, fiebre o la pérdida de la visión durante ese día”, relató.

Una luz al final del túnel

Por suerte, a finales del año pasado, el médico de cabecera de Lucy le habló de un centro de rehabilitación Covid, en donde comenzó a llevar ayuda especializada y donde recibió algunos consejos para hacer de su enfermedad más llevadera, pues hasta ahora su padecimiento es desconocido y no hay cura como tal. En el centro aprendió que su cuerpo mostraría un menor deterioro entre más movimiento realizara, por lo que se le recomendó iniciar a hacer algunas tareas menores en el hogar. Además, se le dieron algunos consejos psicológicos para hacer transitar por su enfermedad de la mejor manera, pues sin duda el aceptar que su vida no volverá a ser la misma era un pensamiento muy difícil de procesar. Afortunadamente, la mujer ha tenido una notable mejoría, pues ahora puede realizar actividades más en forma, e incluso pedalear una bicicleta por algún tiempo y hasta practica paddle surf, aunque admite que aún está muy lejos de la vida que tenía antes de enfermar. “Estoy bastante decidida a aferrarme a la idea de mí misma como una aventurera audaz, una madre, una esposa y una periodista. Incluso aunque por ahora las montañas que quiero escalar estén solo en mi mente”, expresó optimista.

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