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El desgarrador testimonio de Cayetano Martínez de Irujo sobre su infancia

El duque de Arjona muestra su cara más sensible y humana en un documental sobre Luis Martínez de Irujo

by si Gtresonline

"Los Martínez de Irujo son algo más que una saga, son una estirpe marcada por el peso del apellido Alba". Así comienza la última entrega de Lazos de sangre, el espacio documental de Televisión Española dedicado, en esta ocasión, a la figura de Luis Martínez de Irujo, hijo de los duques de Sotomayor y marqueses de Casa Irujo y primer marido de Cayetana Fitz-James, la inolvidable duquesa de Alba. Un personaje desconocido para el gran público, eclipsado, en cierta medida, por la arrolladora personalidad de su esposa, y al que sus hijos Carlos, Alfonso, Eugenia y Cayetano han querido rendir un bonito y sincero homenaje en su recuerdo. Sobre todo, el menor de los varones quien, desbordado por la emoción, no pudo contener las lágrimas al hablar de su padre y de lo que supone para él pertenecer a una familia tan poderosa y estricta.

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"Me ha tocado nacer aquí, pues ya está. Pero ante todo soy Cayetano, he entendido todo lo que me ha pasado y lo he arreglado", ha asegurado al comienzo de su intervención desde su refugio en el Palacio de Arbaisenea, en San Sebastián, mostrando su lado más cercano y personal. A pesar de los privilegios de su condición de noble, su vida no ha sido fácil y ha estado marcada desde su infancia por la muerte de su progenitor en 1972, a causa de una leucemia. "Cuando mi padre se murió, no solo perdimos a un padre, se perdió un sentido… El quién soy yo y qué hago aquí", ha declarado visiblemente afectado.

Una pérdida que le provocó un profundo trauma ya que, tal y como él mismo ha explicado, a varios de los hermanos no se les contó lo que estaba pasando en realidad en torno a su enfermedad. "Fue un vació tan tremendo… No se nos dejó despedirnos de él. He tardado 40 años en resolver esto". Así, afirma que se tuvo que enterar de su fallecimiento a través de uno de sus hermanos: "Aquello fue terrible. Me produce un dolor que todavía me cuesta hablar de ello. Cómo nos engañaron… Estuvimos rezando aquí durante 10 días para que se curara. Tristemente se había muerto ya sin que lo supiéramos. Para mí todo se convirtió en un sinsentido".

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Un sufrimiento de muchos años al que nadie dio respuesta y que pudo superar después de un largo proceso personal: "No levanté cabeza hasta que hice terapia con la psicóloga, que me dijo que mi padre no me había abandonado, que estaba conmigo. Yo sentí que me quedé huérfano allí. Y, además, no poderme despedir de él… Mi madre nos pidió perdón por ello a Fernando y a mí muchos años después. Eso fue un error gravísimo".

A pesar de todos los sinsabores vividos, el duque de Arjona guarda unos bonitos recuerdos de la figura de su padre. "Tengo muchos recuerdos de él. Daba mucha humanidad. Aunque lo que proyectaba al exterior era otra cosa, mi madre era muy dura; con nosotros era implacable. Mi padre era una figura muy humana. Hablo con él todos los días, beso su foto todas las noches y por las mañanas también. Le doy las gracias, le cuento cosas. Intento tener relación con él ahora que, más o menos lo he superado, aunque es algo que no se supera nunca", ha apuntado entre lágrimas.

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Llorar para él supone una liberación y no le avergüenza. Asimismo, es consciente de su particularidad dentro de su familia: "Yo no tengo nada que ver con mis hermanos. Con los tres mayores, sobre todo. Es como si metes a un chino en una tribu de los zulúes", ha indicado intentando establecer una metáfora para explicar sus sentimientos: "No sé si ellos lo hacen, pero yo lloro mucho y ya no lo hago en la soledad".

Pero la infancia de Cayetano no solo está marcada por esta temprana pérdida que tanto le costó asimilar sino también por la situación vivida con una de las personas que le cuidaba, Olga, la última nanny que tuvo. "A mí no me dejaron ni vestirme las nanis hasta los 14 años. No me dejaban ni elegir la ropa que me tenía que poner. Era algo intolerable. Cuando me empecé a rebelar, me inflaban. Pero, vamos, me inflaban. Me pegaban, ¿sabes?" comenzaba a revelar. Además, confesaba que nunca se atrevió a compartir esto con sus allegados. "No nos atrevimos a hablarlo con nadie por miedo, porque si no, nos pegaba el doble. Nos decía a mi hermano y a mí que si decíamos algo a mi madre al bajar a darle las buenas noches, nos iba a dar le doble a la subida. Contar esto es terapéutico y me estoy librando de esa carga tran brutal de maltrato", recordaba en el debate posterior a la emisión de Lazos de sangre, en el que Boris Izaguirre se interesó especialmente por este testimonio.

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Además, asegura que esta vivencia ha influido cuando él ha tenido que educar a Luis y Amina, los mellizos que tuvo con Genoveva Casanova. “Yo estoy haciendo con mis hijos ante todo todo lo que no se ha hecho conmigo, quizás demasiado. Su madre me decía que los trataba como mayores". decía.  Además, reconoce que al principio, cuando eran pequeños, fue duro con ellos. Una firmeza que incluso provocó una discusión con la duquesa de Alba. "Cuando Luis era pequeño hice llorar a mi madre porque rozaba el ser injusto y agresivo con él. Pero era lo que yo había tenido, las palizas que a mí me habían dado. Poco a poco fui serenando eso y Genoveva me ayudó a curar esa herida de maltrato”, revelaba.