¿Un templo lleno de ‘gatos de la suerte’? Existe en Japón y es la moda en Instagram

Por Gabriela Cortés

Cuando se habla de templos se vienen a la mente imágenes de distintos elementos espirituales y religiosos. Sin embargo, lo que menos se esperaría ver en un recinto de este tipo es, no una, sino cientos de figuras de gatos blancos. Pero en Japón todo es posible, y hay un lugar al que los amantes de los felinos están poniendo de moda en Instagram, tanto que para muchos se ha vuelto casi una parada obligada al visitar la capital nipona.

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Se trata del templo budista de Gotokuji, y está ubicado en la zona de Setagaya, en la famosa ciudad de Tokio. Este peculiar sitio ha atraído cientos de curiosos y amantes de los mininos, quienes no dudan en buscar algo de espiritualidad entre las casi 10 mil figuras de gatos de la suerte. Y como es común hoy en día, una visita a tan inusual lugar debe inmortalizarse en redes sociales, e Instagram ha sido para muchos la mejor opción.

Estas encantadoras figuras reciben el nombre de maneki-neko, y su forma está inspirada en la raza bobtail. Es común ver estos simpáticos gatos sonrientes, sentados y a menudo moviendo una de sus patitas a modo de saludo en muchos restaurantes y tiendas de asiáticas, donde son colocados como una especie de amuleto. Existe más de una leyenda sobre el origen de este personaje, pero una de las más conocidas tiene lugar justamente en el templo de Gotokuji y se remonta a hace varios siglos.

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Según esta versión, un monje que vivía en el templo compartía la escasa comida que tenía con su gata. Por esas fechas, un día un acaudalado señor feudal fue sorprendido por una fuerte tormenta, por lo que buscó refugio bajo un árbol cercano al templo. Mientras esperaba a que se despejara el cielo, al hombre le pareció ver una gata de color blanco con manchas negras y marrones que movía su pata, como una especia de seña para que se acercara a la puerta del templo. El sujeto se sorprendió tanto de que creía estar mirando, que dejó el lugar donde se estaba protegiendo de la lluvia para acercarse al felino y verlo mejor.

Pero lo más increíble de esta leyenda popular es lo que supuestamente ocurrió después. En cuanto el hombre se movió, un rayo cayó sobre el árbol en el que se estaba refugiando. Este personaje atribuyó a la gata la suerte que le salvó a la vida, por lo que, como muestra de gratitud, donó tierras de cultivo y pagó la restauración del templo, sacándolo de la pobreza en que se encontraba. Mientras, los monjes también reconocieron a la minina que ya se había ganado el corazón de todos. Tanto fue así que cuando murió tuvo un solemne entierro y se creó en su honor la famosa figura de maneki-neko, misma que hoy abarrota los espacios del recinto budista, y que han atraído a muchos.

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